El turismo es hoy un fenómeno global dual; capaz de generar enormes beneficios económicos —habitualmente concentrados en pocos actores—, y a su vez, producir graves externalidades por ser un gran depredador de recursos que acaba homogeneizando paisajes; poniendo en jaque el cumplimiento de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Sin embargo, los efectos visibles son la punta del iceberg de un sistema que compromete la resiliencia de sociedades y ecosistemas, en muchos países receptores ya muy frágiles.
Frente a este escenario, el turismo sostenible tiene la intención de vencer la dicotomía del "todo o nada", proponiendo un alineamiento real con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Este nuevo enfoque, dotado de un sólido componente ambiental, social y ético, busca un equilibrio entre las necesidades de visitantes y anfitriones desde la base del respeto absoluto a los valores, la idiosincrasia y al patrimonio natural y cultural autóctonos.

Ser sostenible se ha convertido en un atractivo a la hora de escoger destino y por ello muchas ciudades se afanan en posicionarse. En el caso de Gotemburgo (Suecia), entre diferentes medidas, pusieron en marcha diversos instrumentos digitales para poder calcular la huella del transporte y alojamiento o para dar a conocer actividades de turismo verde y colaborativo e impulsar el comercio de productos ecocertificados.



