La planificación urbana inclusiva es uno de los factores que determinan si una ciudad promueve el bienestar. En este sentido, la iluminación pública no debe verse solo como infraestructura, sino como una herramienta de salud urbana.
Un diseño consciente de iluminación protege nuestra seguridad, ritmos biológicos y mejora nuestra calidad de vida. La temperatura de color juega un papel clave en el diseño de iluminación, ya que influye directamente en la visibilidad, la seguridad y el confort visual de las personas que habitamos los espacios públicos.

Optar por temperaturas de color adecuadas —como los tonos cálidos para plazas y parques, o los fríos para áreas deportivas o vías rápidas— mejora la percepción del entorno y contribuye al bienestar urbano. Generar espacios con una buena iluminación no significa sobrepasar valores saludables de iluminancia.
