Materiales translúcidos y fachadas
La fachada es la carta de presentación de cualquier edificio, como una piel simbólica que lo envuelve y anticipa lo que ocurre en su interior. Su papel ha evolucionado mucho a lo largo de la historia, como un elemento originalmente identificado a la función estructural y de revestimiento, más o menos ornamental, que se disuelve para casi desaparecer con la llegada del vidrio durante la Revolución Industrial.
Más adelante, la importancia de la relación con el entorno y la necesidad de crear fachadas sostenibles y bioclimáticas, que mejoren el comportamiento orgánico y la habitabilidad de los edificios, llevan a incorporar nuevos materiales. Combinando artesanía y tradición, las fachadas pasan de ser elementos estáticos o 'ventanas' abiertas al interior, a 'membranas' dinámicas y con vida propia.
Experimentando con la materia
Tras sus primeras apariciones en la arquitectura y el interiorismo, en forma de grandes vidrieras o muros de alabastro, los materiales translúcidos dan un paso más, a través de secuencias y gradaciones que crean espacios de límites difusos, delimitados pero fluidos. Diseños donde los distintos grados de transparencia recrean una experiencia casi mágica, como el edificio de las Crystal Houses de MVRDV en Amsterdam, que sustituye la clásica fachada de ladrillo por una réplica en vidrio que se de desintegra para mezclarse con las piezas originales de terracota según asciende.
