El parque residencial y de alojamiento flexible (flex living) evoluciona a gran velocidad. La rotación de inquilinos, los perfiles de uso cambiantes, la gestión centralizada y mantenimiento de los espacios y la ocupación variable plantean nuevos retos a los sistemas tradicionales de gestión del agua, que no siempre están preparados para responder con agilidad y precisión.
En este contexto, los gestores se enfrentan a una presión creciente: controlar costes operativos, cumplir con objetivos de sostenibilidad y garantizar una experiencia de calidad para los residentes. Sin embargo, la falta de información detallada y contextualizada puede provocar que pequeñas fugas pasen desapercibidas, que se generen desviaciones económicas por errores de medición o que las decisiones se basen más en la intuición que en datos objetivos.