Antoni Gaudí, avanzándose a su tiempo, nos da verdaderas lecciones de sostenibilidad; aplicando diferentes soluciones para la eficiencia y el ahorro de recursos, sin renunciar a la calidad artística.
En la Casa Batlló, en pleno epicentro de la burguesía barcelonesa, por ejemplo, optó por la rehabilitación integral y no la demolición del edificio anterior, a pesar de tener libertad creativa del industrial Josep Batlló.
También priorizó materiales locales; siendo la Casa Milà, residencia familiar y de alquiler, uno de los mayores exponentes, con piedra extraída principalmente del Garraf y Vilafranca del Penedès.
Por otro lado, fue pionero del reciclaje y la circularidad, tanto integrando materia de desecho o imperfecta en diferentes superfícies como transformando vidrio o cerámica rota en mosaicos coloridos y duraderos con la técnica del “trencadís”, visibles en fachadas como en la Casa Batlló, chimeneas de la Casa Milà o el Palau Güell o en el sinuoso e icónico banco en la frustrada urbanización del Park Güell.
Paralelamente, sacando partido del clima y la orografía, seleccionando bien el enclave y orientación, abriendo grandes ventanales y patios y con un pensado diseño supo dominar la luz, el aire y agua, reduciendo el impacto ambiental.
