La desmaterialización pone el foco en la reducción de la cantidad de materiales para cubrir alguna necesidad, siendo múltiples las opciones para conseguirlo.
Algunas de las estrategias para garantizar el acceso a la función sin significar una renuncia o incomodidad son:
● Multifuncionalidad o multiuso: concentración de utilidades en un único objeto
● Miniaturización: menor tamaño sin afectar a las prestaciones
● Modularidad: diseño adaptativo o evolutivo según etapa vital
● Monomaterialidad: facilita la separación de componentes y su reciclaje
● Durabilidad: alarga la vida útil de un artículo
● Impresión 3D o a demanda: personalización, menor sobreproducción y almacenaje
● Eficiencia: materiales eficientes, más ligeros, composites…
● Digitalización: formato digital reemplaza un soporte físico o una experiencia real
● Servitización: servicio o solución integral que sustituye un producto
● Uso compartido: reutilización recurrente por parte de diferentes usuarios
● Economía colaborativa: donación, intercambio, cesión de bienes

Desmaterializar puede liberar del gasto inicial o esfuerzo de compra y ciertas incomodidades derivadas de la propiedad y, sin embargo, suele incrementar la posibilidad de actualización.
Un estilo de vida más slow y minimalista, la eficiencia energética, las energías renovables y la aplicación de los principios de la economía circular tienen una elevada repercusión en la desmaterialización y son fundamentales para la sostenibilidad.