La huella de Antoni Gaudí fuera de Cataluña
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En noviembre se conmemora el centenario de la construcción de la Sagrada Familia, con la esperada iluminación de la torre de Bernabé, la única que Antoni Gaudí vio terminada en vida. Y en 2026, se cumplirán cien años de su muerte. Este doble aniversario ofrece la oportunidad perfecta para redescubrir no solo su legado en Barcelona, sino también su presencia fuera de Cataluña, donde dejó un rastro menos conocido pero igualmente fascinante. 

 

 

Un arquitecto universal, nacido en Reus 

 

Antoni Gaudí (1852–1926) es una figura central del modernismo catalán, creador de obras tan emblemáticas como la icónica Sagrada Familia, la Casa Batlló, La Pedrera o el Parque Güell. La singularidad de su estilo, plagado de simbolismos y caracterizado por las formas orgánicas, el uso de colores vibrantes y por introducir la artesanía en hierro y cerámica no solamente se concentra en tierras catalanas, sino que ha dejado huella para trascender a otros lugares de España además de cautivar e inspirar con su legado a arquitectos, artistas y amantes de la arquitectura de todo el mundo. 

 

La genialidad de Gaudí tan intrínsecamente unida a Cataluña estuvo atravesada por algunas de sus pasiones: la arquitectura, la naturaleza y la religión que podrían considerarse como hilo conductor de su trayectoria. Aunque su actividad se concentró principalmente en Barcelona, también dejó su huella en otros puntos de España, especialmente en el norte, donde proyectó tres edificios notables: El Capricho en Comillas (Cantabria), la Casa Botines en León y el Palacio Episcopal en Astorga. Los tres están situados en el Camino de Santiago. 

 

 

Tres joyas fuera de Cataluña 

 

El Capricho (Comillas, Cantabria) 

Conocida también como Villa Quijano, esta casa fue construida entre 1883 y 1885 por encargo de Máximo Díaz de Quijano, un abogado que había hecho fortuna en Cuba. Fue su suegro, el empresario Eusebi Güell, quien lo puso en contacto con Gaudí.  

 

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Antoni Gaudí, El Capricho - Comillas, Cantabria. © Fundación Antonio Gaudí

 

 

Curiosamente, el arquitecto nunca visitó Comillas ni conoció personalmente al promotor. El edificio destaca por su estructura orientada en torno a un invernadero, pensado para albergar plantas exóticas, y por una fachada decorada con más de 6.000 azulejos en forma de girasol. El diseño también integra elementos musicales, como un pentagrama en la ornamentación de la fachada. Desde 2010, funciona como casa-museo y ha sido declarada Bien de Interés Cultural. Según sus responsables, "El Capricho es una obra manifiesto", ya que anticipa muchas de las claves que definirán la arquitectura posterior de Gaudí. El jardín que rodea la casa, diseñado también por él, es una de las pocas intervenciones paisajísticas suyas que se conserva intacta. 

 

En este proyecto la luz cobra vital importancia. “no es solo un elemento funcional, sino parte esencial de la experiencia arquitectónica que plantea Gaudí. Convierte la luz en un material más, que entra en diálogo con los colores, los espacios y la naturaleza que rodea la casa”, comentan desde la institución. Esto le hace ser considerado como un adelantado a su época: “ 

 

Palacio Episcopal (Astorga, León) 

Encargado en 1886 tras un incendio que destruyó el edificio original, el Palacio Episcopal fue una obra compleja para Gaudí, que tuvo que adaptarse a materiales y estilos locales. Construido entre 1887 y 1893, combina elementos góticos, modernistas y neomedievales, con un uso destacado del granito y torres puntiagudas. 

 

Aunque Gaudí renunció a la dirección de obra antes de su finalización, su impronta está presente en cada rincón. Hoy es sede del Museo de los Caminos y forma parte del proyecto cultural “El Camino de Gaudí”. 

 

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Antoni Gaudí, Palacio Episcopal - Astorga, León. © Fundación Antonio Gaudí

 

 

Casa Botines (León) 

Diseñada entre 1891 y 1892 como edificio de viviendas y almacén para una empresa textil, la Casa Botines recuerda un castillo gótico con su fachada de piedra, torres angulares y tejados inclinados. Al igual que el Palacio Episcopal, muestra cómo Gaudí adaptó su lenguaje a otras geografías sin perder identidad. Actualmente, funciona como museo y centro cultural. Es una de las pocas obras civiles de Gaudí fuera de Cataluña, y también ha sido reconocida como Bien de Interés Cultural. Destaca por ser un museo de reciente constitución de la Fundación Obra Social de Castilla y León (FUNDOS) que goza de más de 1.500 m2 de exposición. Para FUNDOS, Casa Botines es “piedra angular de toda la obra de Gaudí, por tratarse de su primera casa de vecinos y de un verdadero ‘laboratorio’ donde pudo ensayar novedosas soluciones estructurales, simbólicas y decorativas que más tarde aplicaría sistemáticamente en sus obras más famosas”. 

 

En palabras de Carlos Varela Fernández, conservador jefe del Museo Casa Botines Gaudí: "Su influencia se ha dejado sentir en grandes arquitectos del siglo XX, como Le Corbusier, que fue un gran admirador y defensor de Gaudí en una época en que era denostado, Eladio Trieste, Félix Candela y Santiago Calatrava. A día de hoy, Gaudí ha vuelto a ser un referente para la biomimética y toda una corriente de arquitectura que busca el mínimo impacto ambiental y la sostenibilidad social, económica y ecológica, porque Gaudí fue también un precursor en este aspecto". 

 

 

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Antoni Gaudí, Casa Botines - León. © Fundación Antonio Gaudí 

 

 

Ya en su época fue un referente y un ejemplo lo encontramos en León donde varios edificios del ensanche tomaron como modelo la Casa Botines, "es el caso del edificio de correos y telégrafos que construyó el madrileño Manuel de Cárdenas en la Plaza de la Catedral, en el que el tratamiento de la sillería y la cubierta está claramente inspirado en la Casa Botines. La influencia de Gaudí atraviesa todo el siglo XX y llega hasta nuestra época", indica Varela Fernández. 

 

 

Una influencia que traspasa fronteras 

 

Aunque Gaudí no fundó una escuela formal, su influencia ha sido global. Según Mario Andruet, presidente de la Fundación Antonio Gaudí: “No tuvo intención deliberada de difundir sus ideas ni quiso ser un teórico. Era una persona dedicada al trabajo metódico y a la reflexión”. Su impacto ha llegado a lugares tan diversos como América Latina, Japón y Estados Unidos. En Rancagua (Chile), se planea construir una capilla basada en un boceto original donado por Gaudí en 1922. En Japón, el arquitecto Von Jour Caux ha sido apodado “el Gaudí japonés” por la similitud de su estilo. Incluso en Nueva York, a comienzos del siglo XX, Gaudí proyectó un rascacielos que nunca se materializó, pero que habría sido el más alto del mundo en su época. En este sentido, Andruet añade: “Cada obra fue un nuevo terreno de estudio y no tuvo un “estilo”. Por eso no se puede hablar de una proyección en el sentido de una ‘escuela’. Y, prosigue, “sus obras, si bien muestran rasgos comunes, son muy diferentes unas de otras. Su legado radica en el ejemplo de dedicación al trabajo y su apertura mental libre de prejuicios estilísticos y modas”. 

 

 

Gaudí, precursor de la sostenibilidad 

 

Más allá de la forma y el simbolismo, Gaudí ya planteaba en su obra conceptos hoy clave como la eficiencia energética. En El Capricho, por ejemplo, la orientación estratégica de las habitaciones, el uso de grandes ventanales y la integración de la luz natural generan bienestar térmico y visual. Como afirman desde esta institución: “Las orientaciones de las habitaciones, pensadas de manera estratégica, los grandes ventanales y los espacios configurados para el confort gracias a la luz, generan un bienestar térmico y visual durante todo el día. Podríamos decir que ya Gaudí planteó la eficiencia energética o la sostenibilidad”. 

 

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Antoni Gaudí, Casa Botines - León. © Fundación Antonio Gaudí 

 

 

Recuperación, visibilidad y Año Gaudí 

 

Para Andruet, “hoy Gaudí es un fenómeno mundial que atrae millones de personas a Barcelona. La síntesis de arte, técnica, inspiración en la naturaleza y simbolismos que conforma sus obras produce sensaciones orgánicas y vitales, y por ello sorprende y emociona. Indudablemente el Año Gaudí con motivo del centenario de su fallecimiento confirmará la fascinación mundial que genera su arquitectura”.  

 

En 2024, El Capricho celebró su 140 aniversario con un encuentro de los responsables de edificios gaudinianos fuera de Cataluña. Durante el evento se lanzaron iniciativas como “El Camino de Gaudí”, una ruta cultural que une las tres obras mencionadas, con el objetivo de acercar su legado a las nuevas generaciones e impulsar el talento joven en torno a la cultura. Para visibilizar la figura y el legado del arquitecto modernista, estas propuestas suponen una puesta en valor de sus obras, “no como elementos independientes sino como capítulos y partes de una misma obra de arte”, en palabras de Víctor Murias, director del Palacio de Gaudí en Astorga.  

 

Gaudí en el arte, el turismo y la cultura popular 

 

La arquitectura de Gaudí atrae cada año a millones de visitantes de todo el mundo. Documentales, exposiciones y libros especializados continúan alimentando el interés por su figura. En 1957, el MoMA de Nueva York le dedicó una gran retrospectiva, y entre 1984 y 2005, siete de sus obras fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En 2026, el Año Gaudí servirá como plataforma para homenajes, nuevas investigaciones y celebraciones artísticas. El Palau de la Música Catalana ya ha anunciado un programa especial con estrenos musicales inspirados en su vida y obra, incluyendo la pieza Els set somnis de Gaudí, de Olivia Pérez-Collellmir. 

 

Gaudí fue un genio que trascendió los límites del tiempo, el lugar y el estilo. Su capacidad de integrar arte, técnica, naturaleza y espiritualidad en cada obra lo convierte en una figura única de la arquitectura universal. Explorar sus obras fuera de Cataluña invita a comprender su legado e invita a descubrir otras formas de belleza, innovación y armonía con el entorno. Gaudí sigue siendo una fuente inagotable de inspiración. 

 

 

Redacción por Beatriz Fabián