Iluminación experiencial: cómo transformar espacios hoteleros a través de la luz emocional
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La luz modula nuestras vidas y puede condicionar y equilibrar los ritmos del cuerpo. Sin duda, incide en nuestro organismo tanto por su presencia o ausencia, como por la intensidad con la que la percibimos e, incluso, el tono lumínico que puede oscilar desde tonos más cálidos a más fríos. Sin olvidar cómo influye la forma de iluminar un espacio en el modo en el que el usuario va a vivir cada espacio, en este sentido, los diseñadores lumínicos son un apoyo crucial para interioristas, arquitectos y decoradores.

¿Puede entonces la luz transformar las emociones del usuario? La respuesta es afirmativa y se encargan de medirlo científicamente estudios neurológicos que se están realizando al respecto. Lo avalan investigaciones realizadas recientemente por el Laboratorio de Neuroarquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia. Este laboratorio estudia la dimensión cognitivo-emocional del diseño arquitectónico en contextos tan diversos como hospitales, escuelas, oficinas, comercios o espacios urbanos. “La luz es una de las herramientas más potentes para transformar la experiencia en un hotel. No solo nos permite ver, sino que condiciona cómo percibimos y sentimos un espacio”, afirma Anna Ferrer, del estudio CU4 Arquitectura que también ha colaborado con la citada institución.  

 

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El Hotel Quinta Esencia, en Toledo, restaurado por Corroto Arquitectos. Foto: Imagen Subliminal.  

 

 

Coincide con esta visión Mariel Fuentes, Co-Founder, Lighting Designer & Architect de MMAS Lighting Design Studio, quien añade: “La luz genera conexiones emocionales con el espacio. No se trata solo de iluminar bien, sino de acompañar al usuario en una experiencia sensorial que lo envuelva y lo haga sentir parte del lugar.” Ambas profesionales subrayan que la iluminación, más allá de su función básica, actúa como una herramienta de bienestar. “Desde la evidencia científica, sabemos que la luz impacta en los sistemas biológicos que regulan nuestro estado de ánimo y nuestros ritmos circadianos, de modo que no es únicamente un recurso estético: es un modulador directo de emociones y bienestar”, apunta Ferrer. “Un proyecto de iluminación bien diseñado debe anticiparse a cómo se sentirá el huésped en cada momento del día. No es solo técnica, es empatía”, añade Fuentes. 

 

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Hotel Kimpton Las Mercedes en el centro histórico de Santo Domingo, un proyecto de rehabilitación del estudio Moneo Brock, que ha cuidado al detalle el diseño lumínico.

 

 

Ver y, sobre todo, sentir con la luz 

 

La iluminación influye en el estado de ánimo, la percepción y el recuerdo y así lo defiende Ferrer diciendo que “la luz no es solo un recurso técnico, es un estímulo que incide de manera directa en nuestra biología y en cómo interpretamos el entorno”. “Un mismo espacio puede resultar estimulante, relajante o incluso incómodo según cómo se ilumine, porque la iluminación regula niveles de activación, influye en la producción hormonal y modula nuestro estado de ánimo”, continúa. Desde su experiencia internacional, Fuentes refuerza esta idea: “la luz no solo genera percepción, genera memoria. Un ambiente cálido y controlado se graba emocionalmente. Por eso recordamos ciertos hoteles no solo por su arquitectura, sino por cómo nos hicieron sentir.” Ferrer concluye: “La experiencia del huésped no depende únicamente del diseño espacial o de los materiales, sino también de cómo la luz acompaña y promueve los ritmos naturales de la persona”. 

 

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Luz natural tamizada por celosías y puntos de luz puntuales en el Hotel Presidente InterContinental en Monterrey, uno de los proyectos más recientes de Frances Rifé. Foto: Javier Márquez.  

 

 

Capas de luz que narran emociones 

 

El empleo combinado de luz ambiental, puntual, decorativa y natural es uno de los recursos más acertados a la hora de generar atmósferas. “El diseño lumínico de un hotel no debería entenderse como un recurso único, sino como la integración de diferentes capas que cumplen funciones complementarias”, afirma Ferrer. “La luz ambiental aporta uniformidad y sensación de acogida; la puntual orienta y dirige la atención en zonas de uso específico; la decorativa introduce matices y refuerza la identidad del lugar; y la luz natural conecta con el exterior y con nuestros ritmos biológicos”, explica. Para Desde su experiencia, Fuentes destaca la importancia de crear atmósferas dinámicas y sensibles a través de estas capas: “La luz debe adaptarse a lo que sucede en el espacio: no es lo mismo una entrada matutina que una cena íntima. Las capas de luz nos permiten contar historias y transformar la atmósfera con sutileza y coherencia”. “En definitiva, se trata de diseñar sistemas de luz que acompañen las necesidades reales de las personas a lo largo del día y en las distintas situaciones de uso dentro del hotel”, concluye Ferrer. 

 

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En la reciente edición de Interihotel 2025, celebrada en Barcelona, SIMON ha ahondado en el hotel del futuro: tecnología invisible y confort anticipado con “The Invisible Host”. 

 

 

Hoteles que inspiran 

 

Para la arquitecta Ferrer, existen ejemplos de iluminación emocional bien ejecutada, “proyectos de referencia en todo el mundo evidencian el poder transformador de la iluminación emocional, desde el Hotel Mar Adentro (México) hasta el Treehotel (Suecia), la luz se convierte en una herramienta narrativa que amplifica la experiencia sensorial”. Menciona que se trata de “lobbies que simulan amaneceres artificiales, habitaciones con escenas de luz personalizables, o SPAS que reproducen los tonos del atardecer: son recursos que muestran cómo la iluminación emocional bien ejecutada puede convertirse en el alma de un hotel”.  Fuentes aporta desde su práctica la idea de que en sus proyectos buscan “que la iluminación sea una extensión de la arquitectura, no un añadido. Un hotel bien iluminado no necesita decir mucho: lo transmite todo desde la atmósfera”. Ambas coinciden en que los mejores diseños lumínicos no se notan, se sienten. Son los que acompañan silenciosamente la experiencia del usuario, dejando una huella emocional duradera. 

 

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Luz modulada que ilumina el espacio Super Bao, de Régis Botta Architectures. Foto: Luc Boegly.  

 

 

La iluminación como elemento de bienestar 

 

Los especialistas en la materia hablan de términos como la iluminación circadiana, el confort visual, el control del deslumbramiento y la experiencia del usuario. “Hoy sabemos que la luz es uno de los principales sincronizadores de nuestros ritmos circadianos”, señala Ferrer, y esto cobra especial relevancia en contextos de hospitalidad. Fuentes complementa esta afirmación indicando que “un huésped que llega de un vuelo largo o con el ritmo alterado necesita una luz que lo entienda. La iluminación circadiana es un acto de hospitalidad silenciosa: ayuda al cuerpo a reajustarse sin que la persona tenga que pensarlo”.  

 

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Sense, un lugar que abraza a través de la luz, un proyecto de Régis Botta Architectures. Foto: Luc Boegly.

 

 

De ahí la idea de la luz como un complemento casi invisible, pero de gran utilidad, no sólo estética sino emocional y vital. “Una luz demasiado intensa, mal orientada o con picos de azul en momentos inadecuados puede generar fatiga ocular, estrés y dificultad para conciliar el sueño”, advierte Ferrer. Por eso, el confort visual y el control del deslumbramiento son tan importantes como la intensidad o la estética. Para Fuentes, “la luz no debería imponer, debería acompañar. Los sistemas bien diseñados se adaptan al usuario, no al revés. Así generamos bienestar sin invadir”. “La luz es probablemente el factor ambiental más potente en la regulación de la salud mental y física a través de los ritmos biológicos”, concluye Ferrer. Y trasladado al diseño hotelero, se convierte en una oportunidad extraordinaria: cuidar desde lo invisible, iluminar para sanar. 

 

Sin duda, la iluminación experiencial va mucho más allá de la eficiencia técnica o la estética, consiste en un lenguaje sensorial que transforma espacios en experiencias, y experiencias en recuerdos. Diseñar con luz emocional es entender que un hotel no se vive solo con los ojos, sino con todo el cuerpo, y que, en los proyectos que verdaderamente marcan la diferencia, la luz no solo se ve: se siente, se recuerda y se agradece. En palabras del interiorista y diseñador industrial Francesc Rifé que acaba de presentar su reciente proyecto, el Hotel Presidente InterContinental en Monterrey (México), “no se trata de iluminarlo todo, sino de acompañar al huésped con naturalidad. Que el exceso de luz, o de diseño, no llegue a eclipsar la experiencia”. 

 

 

Redacción por Beatriz Fabián