Alba Méndez, especialista en neuroarquitectura, desde Qualia Estudio apuesta por una metodología que cuantifique los beneficios de esta disciplina y ofrezca retorno social a los inversores.
La neuroarquitectura gana relevancia entre la profesión arquitectónica y su sector académico. Esta disciplina que estudia el impacto de los entornos construidos sobre el ser humano, tanto a nivel físico, mental como emocional, persigue mejorar el bienestar de las personas mediante proyectos más conscientes. Crecen los programas y masters sobre neuroarquitectura, que protagoniza simposios internacionales. Como el último organizado en Barcelona bajo el título Mind Body Space, con dos jornadas celebradas en La Casa de la Llum de Simon.
Surgida de la intersección entre la neurociencia y la psicología ambiental con la arquitectura, la neuroarquitectura cuenta ya con un significativo cuerpo de evidencias científicas. Los edificios y espacios que habitamos, el urbanismo de una ciudad o el paisaje que contemplamos, inciden directamente en nuestro cuerpo y mente, e influyen en factores cognitivos, estado de alerta o relajación y, en suma, en nuestro estado anímico y salud. Lo que bastantes profesionales de la arquitectura ya reconocían mediante observación intuitiva, la ciencia hoy lo corrobora. Sin embargo, este enfoque holístico de la arquitectura para mejorar el bienestar humano sigue entrado muchas veces en conflicto con la manera que buena parte de promotores e inversores inmobiliarios abordan su quehacer.
La mente expandida al espacio
Alba Méndez -arquitecta especializada en neuroarquitectura, MBA por Esade y fundadora de Qualia Estudio- combina en sus proyectos el diseño centrado en el ser humano con los avances científicos, y codirige programas académicos como el Máster oficial en Neuroarquitectura en Alicante. Coorganizadora del simposio Mind Body Space, allí impartió la conferencia “De la comprensión al impacto: Una visión holística para la transformación sostenible”, aportando luz sobre ese camino imprescindible para que la neuroarquitectura se inscriba en el sector inmobiliario e inversor.
Tras el punto de inflexión que ha supuesto la evidencia científica para la arquitectura, Alba Méndez señala como segundo punto significativo haber comprendido que el sistema nervioso, cuerpo y entorno son un sistema adaptativo complejo e indisociable. Y hace referencia a la Hipótesis de la Mente Extendida según la cual mente, cuerpo y mundo conforman un único sistema en constante interacción, formulada en 1998 por los filósofos Andy Clark y David Chalmers. “Debemos considerar la arquitectura como una prolongación fisiológica de nuestras capacidades: edificios y espacios que amplifican nuestra memoria, nuestra sociabilidad, nuestro confort y nuestra salud”, reflexiona Alba Méndez.
Destaca la importancia de asumir que las experiencias que vivimos configuran la “arquitectura” de nuestro sistema nervioso. Y alude a como la neurociencia, a través de los estudios sobre entornos enriquecidos de Fred Gage, ha demostrado que estímulos tan sencillos como la luz natural, el sonido de la vegetación o la calidad del aire modulan la plasticidad cerebral: aumentan la proliferación de nuevas neuronas, refuerzan las conexiones sinápticas y, en última instancia, mejoran capacidades cognitivas y emocionales.
A ello añade el enfoque salutogénico propuesto por Aaron Antonovsky, que hace hincapié en los factores que generan salud y bienestar en lugar de limitarse a combatir la enfermedad. “La arquitectura no solo debe optimizar el uso de los recursos y respetar el equilibrio del ecosistema del que dependen, sino convertirse en un escenario que impacte positivamente en la salud y el bienestar de las personas, facilitando el desarrollo de su mejor versión. En una doble acción de prevención y restauración”, sintetiza.
El puente para llegar al inversor inmobiliario
“Vivimos un momento en que lo social, lo ambiental, la ciencia y el negocio convergen, y el espacio arquitectónico se erige como un auténtico catalizador de cambio” alega Méndez. De ahí que, desde Qualia Estudio, el objetivo de elevar el bienestar de las personas desde el diseño consciente pasa por proyectos que fusionan inversión inmobiliaria, práctica profesional, laboratorios y grupos de investigación.
Con metodología transdisciplinar, evalúan, diseñan y proyectan entornos que comprendan los objetivos de valor social de sus principales clientes que son los inversores inmobiliarios. Se trata de grandes compañías comprometidas con un capitalismo ético que buscan maximizar el impacto social de su inversión. Por ello en Qualia ponen el acento también en definir y cuantificar retornos sociales y económicos, reportar sus avances en métricas ESG y ODS y alinear la rentabilidad financiera con la responsabilidad social. El objetivo final es avanzar hacia un entorno construido en el que People, Planet & Profit lleguen a converger de manera real y sostenible.
Estudio pionero en marcha
La arquitecta explica las fases de un estudio de caso en el que aplican el método Qualia en una empresa del IBEX 35. En primer lugar, definieron los objetivos del proyecto partiendo de la visión estratégica de la empresa y los desafíos identificados, que se enriquecen con un análisis de tendencias. Con los objetivos claramente establecidos y organizados según los seis pilares de impacto social, analizan que grupos de usuarios se verán afectados por el edificio y que respuestas neurofisiológicas y cognitivas se persigue provocar mediante el diseño.
Así mismo, aplican los principios del modelo salutogénico en el análisis de usuarios y el estudio del emplazamiento. Esto da como resultado la elaboración de un catálogo de tipologías espaciales con instrucciones detalladas para que el equipo de arquitectos las implemente, y una lista de acciones que la empresa deberá activar y gestionar.
Tras la implementación de estrategias al proyecto, desde Qualia definen KPIs que vinculan los objetivos con la actividad humana y las decisiones de diseño. Para medirlos, establecen métricas claras junto con los métodos y herramientas asociados. Se define un protocolo de recogida de datos, y se ejecuta para medir el impacto social de la intervención. Siempre disponiendo de datos del antes y después de la intervención arquitectónica y espacial.
Alba Méndez aclara que están al comienzo de todo este proceso, con la entrega del catálogo de espacios al equipo de diseño. Y estiman que el proceso completo se desarrollará a lo largo de casi cinco años. Se trata de un proyecto muy relevante para su estudio pues es la primera vez que una empresa de esta envergadura les encarga llevar a cabo la metodología completa.
Según Alba Méndez, “actualmente tenemos la responsabilidad de construir entornos que recojan cada pregunta y cada anhelo: desde el nervio más íntimo de nuestro sistema cuerpo–cerebro–entorno hasta la voz de la comunidad más diversa. Y activen e incorporen diseños salutogénicos que cuiden la salud física, emocional y cognitiva; prototipos in situ que midan y ajusten cada estímulo sensorial; y espacios que inviten al aprendizaje, al descanso, al diálogo y al arte”. Además, añade la importancia de involucrar a la academia, industria, gobierno, sociedad civil y medio ambiente, en un proceso colaborativo donde cada decisión espacial sea un acto de compromiso ecológico, social y económico.
Redacción por Marta Rodríguez Bosch